lunes, 27 de octubre de 2014

CAPÍTULO 1


-Joder que frío hace aquí fuera.
-Ya, y encima aun nos queda caminito hasta casa...
Eran sobre las cuatro de la mañana de un día cualquiera de Febrero cuando Sharon, y yo salíamos de la discoteca, al ser un pueblo pequeño estaba situada a las afueras en la zona del polígono industrial. Para llegar había que hacer un camino un tanto arriesgado si no ibas en coche, ya que apenas hay iluminación y tienes que cruzar un par de autopistas.
Yo soy Isabel, una chica sencilla que por aquel momento tenía 16 años, a punto de cumplir los 17. De constitución delgada, piel blanca y ojos verdes azulados. Pelo castaño rojizo y largo.
No solía ser la chica 'popular' del instituto, más bien solía pasar desapercibida, aunque tampoco me importaba demasiado. Junto con mi mejor amiga Sharon, ella es de nacionalidad colombiana, misma constitución que yo, ojos castaños, con el pelo muy rizado y largo.
Esa noche la acompañé porque iba a ir el chico que le gustaba y me rogó que la acompañara. El rollo discoteca, alcohol, mucha gente..no me va mucho, pero una noche es una noche.
Me acuerdo perfectamente cómo iba vestida, llevaba un vestido negro corto de tirantes precioso, me encantaba, y unas sandalias de tacón negras, para esa noche me había planchado el pelo ya que yo lo tengo ondulado.
-Si lo llego a saber no vengo..-Dijo Sharon pateando una piedra que había sobre el asfalto.
Yo no contesté pero hice un gesto de aprensión.
-Yo intentando acercarme a él cuando encima estaba chupándole el culo a Elisa. -No paraba de quejarse.
-Ya te he dicho mil veces que es un cabrón y lo único que quiere es que vayan lamiéndole el culo para tener a la chica que quiera a su disposición cuando le apetezca..
En ese momento un coche negro paró a nuestro lado. Sharon me dio un tirón del brazo para que avanzara.
-Tía no te pares joder. -Dijo.
Entonces la ventanilla del copiloto se bajó y alguien dijo con un acento extranjero:
-¿Sabéis por dónde se va a Albal? 
Albal es el pueblo más cercano al nuestro. Nos detuvimos y retrocedimos un poco para contestarle. Era un hombre de procedencia árabe, a su lado, al volante había otro y uno más en los asientos de atrás.
-Sí, mira, tienes que girar esa rotonda y coger la primera a la derecha, avanzar dos calles y girar la primera avenida por la izquierda, cuando lleguéis ahí estaréis muy cerca, preguntar por allí y os lo indicarán con más exactitud. -Respondió Sharon.
-Vale, gracias. -Dijeron ellos.
Cuando nos dimos la vuelta para continuar nuestro camino oímos cómo abrieron las puertas del coche y salieron de él gritando.
-Tú, la del vestido negro, adentro ya!
Sharon y yo echamos a correr pidiendo ayuda desesperadamente, pero en vano ya que nos alcanzaron de nuevo con el coche.
Esta vez salieron los tres, iban armados y uno de ellos me agarró por el brazo. Sharon tiraba del otro mientras gritaba pidiendo ayuda. Inútilmente, ya que no había ni un alma.
Entonces uno le pegó una bofetada que la tiró al suelo, a continuación me dieron a mi otra y consiguieron meterme en el coche. Me ataron de pies y manos, me vendaron los ojos y me taparon la boca. Mientras el coche se alejaba podía oír los gritos de desesperación de mi amiga, fue entonces cundo supe que jamás iba a volver a verla.


Yo lloraba sin fin, no sabía qué iba a ser de mi, ni siquiera estaba segura de que fuese real, no podía serlo, ¿por qué a mi? ¿Sin más? Mi tranquila vida no podía estar cambiando tan drásticamente, eso solo lo había visto pasar en las películas. Pero era real y me estaba pasando a mí.
Estaba recostada sobre los asientos de atrás, no pude ver absolutamente nada ya que tenía los ojos tapados. Podía oírles hablar, aunque me era totalmente imposible entenderles. Perdí la noción del tiempo y el sentido de la orientación por completo, se hizo el trayecto más largo de toda mi vida.
A lo que a mi me pareció que había pasado más o menos un día, pararon el coche, me sacaron y me metieron en la parte de atrás de una furgoneta, caí sobre el frío suelo metálico, al incorporarme boca arriba noté que a mi derecha había alguien más tumbado. Lo oía emitir sonidos incomprensibles, la cual cosa supuse que también estaba atado y vendado.
El camino por el que íbamos no debía estar en muy buenas condiciones o ni tan siquiera asfaltado ya que estaba repleto de baches y piedras, provocando así los continuos y dolorosos golpes por todo mi cuerpo contra el suelo de la furgoneta.
-Ya estamos. -Dijo uno de los raptores en mi oído. Su voz provocó un escalofrío que recorrió mi cuerpo de pies a cabeza.
Me agarró por los brazos y de un empujón me hizo salir cayendo de bruces contra el suelo sin poder parar la caída por culpa de tener las manos atadas a la espalda.
Me pusieron en pie cogiéndome de el pelo de un tirón, entonces me quitaron el vendaje de los ojos y la boca.
Ante mi tenía una gran muralla de piedra con alambrada sobre ella y un gran portón de madera y metal, por un momento creía estar en otra época hasta que vi unos hombres armados hasta los dientes. Me estremecí.
Me quitaron la cuerda que ataba mis pies y de pronto noté un fuerte golpe en mi espalda, haciéndome caer sobre mis rodillas. Había sido uno de ellos con una especie de porra de madera.
-¡Levántate! -Me ordenó.
A mi lado estaba el hombre que junto a mí lo habían metido en la furgoneta.
Era un chico de unos 27 años, de origen hindú, en su cara habían restos de sangre lo cual indicaba que había intentado resistirse.
-¡Avanzad! -Gritó en inglés un hombre armado.
Las puerta se abrieron y pudimos ver al fin el inesperado interior.


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