-Joder que frío hace aquí fuera.
-Ya, y encima aun nos queda caminito hasta casa...
Eran sobre las cuatro de la mañana de un día
cualquiera de Febrero cuando Sharon, y yo salíamos de la discoteca,
al ser un pueblo pequeño estaba situada a las afueras en la zona del
polígono industrial. Para llegar había que hacer un camino un tanto
arriesgado si no ibas en coche, ya que apenas hay iluminación y
tienes que cruzar un par de autopistas.
Yo soy Isabel, una chica sencilla que por aquel momento
tenía 16 años, a punto de cumplir los 17. De constitución delgada,
piel blanca y ojos verdes azulados. Pelo castaño rojizo y largo.
No solía ser la chica 'popular' del instituto, más
bien solía pasar desapercibida, aunque tampoco me importaba
demasiado. Junto con mi mejor amiga Sharon, ella es de nacionalidad
colombiana, misma constitución que yo, ojos castaños, con el pelo muy rizado y
largo.
Esa noche la acompañé porque iba a ir el chico que le
gustaba y me rogó que la acompañara. El rollo discoteca, alcohol,
mucha gente..no me va mucho, pero una noche es una noche.
Me acuerdo perfectamente cómo iba vestida, llevaba un
vestido negro corto de tirantes precioso, me encantaba, y unas
sandalias de tacón negras, para esa noche me había planchado el
pelo ya que yo lo tengo ondulado.
-Si lo llego a saber no vengo..-Dijo Sharon pateando
una piedra que había sobre el asfalto.
Yo no contesté pero hice un gesto de aprensión.
-Yo intentando acercarme a él cuando encima estaba
chupándole el culo a Elisa. -No paraba de quejarse.
-Ya te he dicho mil veces que es un cabrón y lo único
que quiere es que vayan lamiéndole el culo para tener a la chica que
quiera a su disposición cuando le apetezca..
En ese momento un coche negro paró a nuestro lado.
Sharon me dio un tirón del brazo para que avanzara.
-Tía no te pares joder. -Dijo.
Entonces la ventanilla del copiloto se bajó y alguien
dijo con un acento extranjero:
-¿Sabéis por dónde se va a Albal?
Albal es el pueblo más cercano al nuestro. Nos detuvimos y retrocedimos un poco para contestarle. Era un hombre de procedencia árabe, a su lado, al volante había otro y uno más en los asientos de atrás.
Albal es el pueblo más cercano al nuestro. Nos detuvimos y retrocedimos un poco para contestarle. Era un hombre de procedencia árabe, a su lado, al volante había otro y uno más en los asientos de atrás.
-Sí, mira, tienes que girar esa rotonda y coger la
primera a la derecha, avanzar dos calles y girar la primera avenida
por la izquierda, cuando lleguéis ahí estaréis muy cerca,
preguntar por allí y os lo indicarán con más exactitud. -Respondió
Sharon.
-Vale, gracias. -Dijeron ellos.
Cuando nos dimos la vuelta para continuar nuestro camino
oímos cómo abrieron las puertas del coche y salieron de él
gritando.
-Tú, la del vestido negro, adentro ya!
Sharon y yo echamos a correr pidiendo ayuda
desesperadamente, pero en vano ya que nos alcanzaron de nuevo con el
coche.
Esta vez salieron los tres, iban armados y uno de ellos
me agarró por el brazo. Sharon tiraba del otro mientras gritaba
pidiendo ayuda. Inútilmente, ya que no había ni un alma.
Entonces uno le pegó una bofetada que la tiró al
suelo, a continuación me dieron a mi otra y consiguieron meterme en
el coche. Me ataron de pies y manos, me vendaron los ojos y me
taparon la boca. Mientras el coche se alejaba podía oír los gritos
de desesperación de mi amiga, fue entonces cundo supe que jamás iba
a volver a verla.
Yo lloraba sin fin, no sabía qué iba a ser de mi, ni
siquiera estaba segura de que fuese real, no podía serlo, ¿por qué
a mi? ¿Sin más? Mi tranquila vida no podía estar cambiando tan
drásticamente, eso solo lo había visto pasar en las películas.
Pero era real y me estaba pasando a mí.
Estaba recostada sobre los asientos de atrás, no pude
ver absolutamente nada ya que tenía los ojos tapados. Podía oírles
hablar, aunque me era totalmente imposible entenderles. Perdí la
noción del tiempo y el sentido de la orientación por completo, se
hizo el trayecto más largo de toda mi vida.
A lo que a mi me pareció que había pasado más o menos un
día, pararon el coche, me sacaron y me metieron en la parte de atrás
de una furgoneta, caí sobre el frío suelo metálico, al
incorporarme boca arriba noté que a mi derecha había alguien más
tumbado. Lo oía emitir sonidos incomprensibles, la cual cosa supuse
que también estaba atado y vendado.
El camino por el que íbamos no debía estar en muy buenas condiciones o ni tan siquiera asfaltado ya que estaba repleto
de baches y piedras, provocando así los continuos y dolorosos golpes
por todo mi cuerpo contra el suelo de la furgoneta.
-Ya estamos. -Dijo uno de los raptores en mi oído. Su
voz provocó un escalofrío que recorrió mi cuerpo de pies a cabeza.
Me agarró por los brazos y de un empujón me hizo salir
cayendo de bruces contra el suelo sin poder parar la caída por culpa
de tener las manos atadas a la espalda.
Me pusieron en pie cogiéndome de el pelo de un tirón,
entonces me quitaron el vendaje de los ojos y la boca.
Ante mi tenía una gran muralla de piedra con alambrada
sobre ella y un gran portón de madera y metal, por un momento creía
estar en otra época hasta que vi unos hombres armados hasta los
dientes. Me estremecí.
Me quitaron la cuerda que ataba mis pies y de pronto
noté un fuerte golpe en mi espalda, haciéndome caer sobre mis
rodillas. Había sido uno de ellos con una especie de porra de
madera.
-¡Levántate! -Me ordenó.
A mi lado estaba el hombre que junto a mí lo habían
metido en la furgoneta.
Era un chico de unos 27 años, de origen hindú, en su
cara habían restos de sangre lo cual indicaba que había intentado
resistirse.
-¡Avanzad! -Gritó en inglés un hombre armado.


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