viernes, 31 de octubre de 2014

CAPÍTULO 3

Cuando llegamos a la sala principal vi que habían como mínimo unas 40 personas más, obviamente prisioneros también.
El emperador se acercaba uno a uno y le iba asignando su lugar en el cual debía trabajar por una semana.
-Zaara, te toca de nuevo lavandería y costura.
-De acuerdo señor. -Zaara hizo un disimulado gesto de despedida con la mano y salió de la sala.
Tan sólo quedaba yo por asignar el trabajo.
-Veamos pequeña, ¿dónde te podría mandar yo? -Se rascaba la barbilla con expresión pensativa y dijo:
-Dime Isabel, ¿sabes cual es el ingrediente principal con el que se hace el pan?
-Sí, mi padre es panadero, se hace con harina señor.
-Muy bien, ¿y la harina de dónde sale?
-Del trigo. -Respondí.
-Bueno pues como supondrás, para que haya harina hay que moler el trigo, y eso no se hace solo, así que ese será tu trabajo esta semana.
-De acuerdo señor.
-Ah, por cierto, cuando estemos tú y yo me puedes llamar Sayid, ése es mi nombre. Tú, acompáñala y enséñale dónde tiene que ir. -Dijo a uno de los guardias.
-Sígueme. -Me dijo.
Salimos de allí y empezó a caminar, callejeando entre los distintos bloques. Al fin paró en frente de una pequeña casa, más bien un almacén y dijo:
-Aquí es.
Entré y vi un grupo de unas diez personas moliendo trigo, entre ellas distinguí a Raj, el chico al que capturaron el mismo día que a mí.
Me dirigí a un lado de la habitación que estaba libre, lo que tenía que hacer consistía en hacer girar unas ruedas de piedra para moler el trigo.
Empecé bien, pero a lo que llevaba unos quince minutos no podía más, era más pesado de lo que me imaginaba.
De pronto noté unas manos sobre las mías.
-Mira, si lo haces así está mucho más suelto y te costará menos. -Decía mientras empujaba la piedra sujetando mis manos. Cuando me soltó me di la vuelta para ver quién era. Había sido Raj, gotas de sudor recorrían su cara, su pero caía sobre sus ojos, unos ojos color miel que hablaban por si solos.
-Gracias. -Dije tímidamente mientras me daba la vuelta para seguir.
Se quedó unos instantes ante mí observándome y volvió a su sitio. De vez en cuando no podía evitar mirarle por el rabillo del ojo. Parecía tomárselo muy en serio, trabajaba duro, sus brazos se marcaban, su piel morena relucía por el sudor, su pelo húmedo recaía sobre su cara y se lo apartaba hacia atrás.
Ya estaba oscureciendo cuando un guardia se asomó por la puerta y anunció que habíamos terminado.
Una de las chicas que estaba trabajando conmigo me dijo que podía ducharme antes de cenar si quería,me acompañó y me enseñó dónde se encontraban las duchas. Eran duchas compartidas, es decir, tan sólo habían cinco para los que éramos, una pared separaba los hombres de las mujeres.
Por suerte llegamos de las primeras y no tuve que esperar demasiado. Me metí en una de ellas y cerré la cortina de plástico que apenas tapaba, a pesar de ser un pudor estúpido ya que todas éramos mujeres y no había nada que esconder yo era bastante tímida y me sentía bastante incomoda.
-Será cuestión de acostumbrarse Isabel. -Pensé.
Me desnudé, dejé la ropa a un lado dónde no se mojase y abrí el grifo, agua helada caía sobre mí, no había agua caliente, era de esperar, así que no me sorprendió.
Me duché lo más rápido que pude y salí de las duchas, cada vez iba entrando más gente esperando su turno.
Al salir vi a Zaara caminando a lo lejos y corrí hasta ella, me alegraba ver a alguien conocido después de todo el día, me encontraba un poco perdida y no tenía ni idea de dónde tenía que ir.
-¡Ey Isabel! ¿Qué tal tu primer día de trabajo, dónde te ha tocado?
Resoplé y dije:
-Moliendo trigo, tengo un dolor de brazos.. Y encima va a ser una semana entera.
-¿En serio? A mí me tocó una vez, creo que es uno de los más duros que me ha tocado hacer. Esperemos que no te toque dos semanas seguidas.
-¿Cómo que dos semanas, no es una?
-Sí, pero a veces si ven que lo haces sin ganas y mal, te mandan repetir la semana, así que ya sabes, aunque no puedas más, esfuérzate y sonríe o te tocará de nuevo.
-Eso no me lo esperaba, suficiente tenía ya con una semana...
Fuimos hasta el comedor, era una sala enorme con bancos y mesas. Estaba prácticamente lleno y habían unos encargados que repartían la comida entre las mesas.
-Hasta ahora no he trabajado en las cocinas, pero dicen que es de los mejores porque a pesar de que te estén vigilando, con disimulo puedes comer de aquí y de allá mientras cocinas o sirves.
-Pues cuando nos toque habrá que poner mala cara para que nos hagan repetir la semana. -Dije bromeando.
Zaara se rió.
-Lo intentaremos, a ver si cuela; Mira, por ahí va el chico que trajeron contigo.
Efectivamente, era Raj, se había sentado en una mesa que casi estaba llena.
-También trabaja conmigo moliendo trigo.
-¿A sí? ¿Dijeron su nombre?
-Sí, ayer, nos tuvimos que presentar, se llama Raj.
-¿Y sabes de dónde es?
-Dijo que lo cogieron en Barcelona, pero que al igual que tú es de India, si no recuerdo mal creo que dijo de Katihar.
-¿Has hablado con él?
-Que va, en cuanto a penas un par de palabras.
-Pues vaya...Bueno, ahora a comer, hay que aprovechar para comer todo lo que puedas, sólo se come una vez al día, pero con cuidado que no te vean puedes guardarte comida y llevártela para cuando tengas hambre.
Hice caso y antes de salir de allí cogí unas rebanadas de pan.
Una vez en la cama sentía que todo mi cuerpo estaba resentido por el esfuerzo que había hecho durante todo el día, pero estaba tan cansada que en cuestión de minutos me quedé dormida por completo.

martes, 28 de octubre de 2014

CAPÍTULO 2

En el interior de esas murallas había todo un imperio. Era como una especie de pueblo pero sin ser nada acogedor, la gente se distribuía en bloques vigilados a todas horas por hombres armados. Se veían personas trabajando a lo lejos, pero más bien como esclavos.
Pero lo que más destacaba entre todo era una gran construcción a la que para acceder tenías que subir unas largas escaleras que te llevaban a su gran puerta, una puerta custodiada por dos guardias.
Al traspasar las puertas veías una gran sala, inmensa, todo tapizado con alfombras y demás telas, estaba decorada con figuras e imágenes religiosas islámicas. En el centro de todo había un trono, pero no un trono como tenemos en mente de un rey medieval, no era un asiento de metal, era más cómodo pero grande e intimidante, aunque no tanto como el hombre que lo ocupaba.
Yo no tenía ni idea de dónde podía encontrarme, incluso había descartado la posibilidad de seguir en España, ya que los que ocupaban aquel imperio hablaban en inglés ante nosotros, pero entre ellos, en árabe. Por suerte siempre tuve un buen nivel de inglés y bastante facilidad para aprender nuevas lenguas.
El hombre que ocupaba el trono, llamémosle 'emperador', era un hombre de mediana edad, pelo muy oscuro y rizado, ojos verdes que destacaban con su piel morena.
-Arrodillaos. -Nos ordenó uno de ellos.
El emperador se puso en pie y se acercó a nosotros.
-¿Entiendes el inglés? -Preguntó dirigiéndose al chico que estaba junto a mí. Éste asintió con la cabeza.
-¿Cómo te llamas chico?
-Raj. -Contestó.
-¿De dónde te traen?
Raj puso cara de rabia contenida y contestó: -De Barcelona, España.
-Pero tú no eres español, ¿me equivoco?
-No, yo nací en Katihar, India, pero emigré a España a los 15 años.
-Ya veo...
El emperador entonces se dirigió a mi:
-Oh, ¿pero qué tenemos aquí? Y bien, ¿cuál es tu nombre?
Mi corazón latía a mil por hora, quería salir de allí, quería ir a casa, sentía mucho miedo.
-Isabel. -Mi voz sonó débil y entrecortada.
-No tienes nada que temer si haces lo que debes. -Me dijo inclinándome la cabeza hacia arriba para que le mirase a la cara.
-Que ojos más bellos. -Señaló, y seguidamente dijo algo en árabe a los guardias que tenía detrás mía.
Entonces uno de ellos me ordenó que me levantara y le siguiese. Atravesando la gran sala había una puerta que conducía a un pasillo repleto de puertas, y al final de éste, unas estrechas escaleras.
Llegamos ante una puerta de madera no muy grande que crujió al abrirse, dentro de ella, una pequeña habitación con dos camas y un balcón.
-Quédate aquí hasta que alguien te ordene salir. -Dijo el guardia antes de salir y cerrar la puerta tras él.
Parecían ser sobre las cuatro de la tarde por la luz del sol que entraba por el balcón. Me senté en una de las camas y inevitablemente empecé a llorar y sin quererlo me quedé dormida.
Cuando desperté había una chica en la cama de enfrente doblando trozos de tela. Me sobresalté ya que no me esperaba a nadie allí, dirigí la mirada hacia el balcón y vi que había oscurecido, ya era de noche.
-Tú eres la chica nueva ¿verdad? -Me dijo.
Me incorporé sentándome en la cama y le contesté:
-Sí, supongo que sí..
-He escuchado que tu nombre es Isabel, yo me llamo Zaara.
-Así es, me llamo Isabel. -Dije forzando una leve sonrisa.
-Debes estar hambrienta, ya es tarde para bajar a las cocinas, pero por suerte tengo algo guardado.
Se puso en pie y empezó a rebuscar en un armario que había en el fondo de la habitación.
-Toma, no es gran cosa, pero algo es algo. -Dijo mientras me ofrecía lo que parecía ser un pequeño bollo de pan.
-Muchas gracias. -Y empecé a devorarlo, en ese momento no me importaba si estaba bueno o no, tan sólo quería comer.
-También he oído que te trajeron de España, yo soy de Ambattur, India. Siempre quise visitar tu país.
Zaara era una chica de mi edad aproximadamente, pelo rojizo y muy largo recogido en una trenza, ojos castaños y muy expresivos.
-Sí, soy de España. Por cierto, dices ¿trajeron? Eso quiere decir que no sigo allí ¿no?
-Bueno, si te soy sincera no tengo ni la remota idea de dónde estamos, cuando me trajeron hace 4 meses me vendaron los ojos durante el camino. Quién sabe, quizás sí que estamos en España y no lo sabemos.
-A mí también me vendaron y tampoco tengo ni idea de dónde podemos estar.
Estuvimos hablando un buen rato hasta que las dos nos quedamos dormidas.

-¡Buenos días! Rápido hay que bajar, nos dirán dónde nos toca hacer el trabajo hoy. Toma, ponte esto más cómodo.
Me quité el vestido negro que llevaba y me dispuse a ponerme el pantalón y la camiseta que me había dado Zaara.

lunes, 27 de octubre de 2014

CAPÍTULO 1


-Joder que frío hace aquí fuera.
-Ya, y encima aun nos queda caminito hasta casa...
Eran sobre las cuatro de la mañana de un día cualquiera de Febrero cuando Sharon, y yo salíamos de la discoteca, al ser un pueblo pequeño estaba situada a las afueras en la zona del polígono industrial. Para llegar había que hacer un camino un tanto arriesgado si no ibas en coche, ya que apenas hay iluminación y tienes que cruzar un par de autopistas.
Yo soy Isabel, una chica sencilla que por aquel momento tenía 16 años, a punto de cumplir los 17. De constitución delgada, piel blanca y ojos verdes azulados. Pelo castaño rojizo y largo.
No solía ser la chica 'popular' del instituto, más bien solía pasar desapercibida, aunque tampoco me importaba demasiado. Junto con mi mejor amiga Sharon, ella es de nacionalidad colombiana, misma constitución que yo, ojos castaños, con el pelo muy rizado y largo.
Esa noche la acompañé porque iba a ir el chico que le gustaba y me rogó que la acompañara. El rollo discoteca, alcohol, mucha gente..no me va mucho, pero una noche es una noche.
Me acuerdo perfectamente cómo iba vestida, llevaba un vestido negro corto de tirantes precioso, me encantaba, y unas sandalias de tacón negras, para esa noche me había planchado el pelo ya que yo lo tengo ondulado.
-Si lo llego a saber no vengo..-Dijo Sharon pateando una piedra que había sobre el asfalto.
Yo no contesté pero hice un gesto de aprensión.
-Yo intentando acercarme a él cuando encima estaba chupándole el culo a Elisa. -No paraba de quejarse.
-Ya te he dicho mil veces que es un cabrón y lo único que quiere es que vayan lamiéndole el culo para tener a la chica que quiera a su disposición cuando le apetezca..
En ese momento un coche negro paró a nuestro lado. Sharon me dio un tirón del brazo para que avanzara.
-Tía no te pares joder. -Dijo.
Entonces la ventanilla del copiloto se bajó y alguien dijo con un acento extranjero:
-¿Sabéis por dónde se va a Albal? 
Albal es el pueblo más cercano al nuestro. Nos detuvimos y retrocedimos un poco para contestarle. Era un hombre de procedencia árabe, a su lado, al volante había otro y uno más en los asientos de atrás.
-Sí, mira, tienes que girar esa rotonda y coger la primera a la derecha, avanzar dos calles y girar la primera avenida por la izquierda, cuando lleguéis ahí estaréis muy cerca, preguntar por allí y os lo indicarán con más exactitud. -Respondió Sharon.
-Vale, gracias. -Dijeron ellos.
Cuando nos dimos la vuelta para continuar nuestro camino oímos cómo abrieron las puertas del coche y salieron de él gritando.
-Tú, la del vestido negro, adentro ya!
Sharon y yo echamos a correr pidiendo ayuda desesperadamente, pero en vano ya que nos alcanzaron de nuevo con el coche.
Esta vez salieron los tres, iban armados y uno de ellos me agarró por el brazo. Sharon tiraba del otro mientras gritaba pidiendo ayuda. Inútilmente, ya que no había ni un alma.
Entonces uno le pegó una bofetada que la tiró al suelo, a continuación me dieron a mi otra y consiguieron meterme en el coche. Me ataron de pies y manos, me vendaron los ojos y me taparon la boca. Mientras el coche se alejaba podía oír los gritos de desesperación de mi amiga, fue entonces cundo supe que jamás iba a volver a verla.


Yo lloraba sin fin, no sabía qué iba a ser de mi, ni siquiera estaba segura de que fuese real, no podía serlo, ¿por qué a mi? ¿Sin más? Mi tranquila vida no podía estar cambiando tan drásticamente, eso solo lo había visto pasar en las películas. Pero era real y me estaba pasando a mí.
Estaba recostada sobre los asientos de atrás, no pude ver absolutamente nada ya que tenía los ojos tapados. Podía oírles hablar, aunque me era totalmente imposible entenderles. Perdí la noción del tiempo y el sentido de la orientación por completo, se hizo el trayecto más largo de toda mi vida.
A lo que a mi me pareció que había pasado más o menos un día, pararon el coche, me sacaron y me metieron en la parte de atrás de una furgoneta, caí sobre el frío suelo metálico, al incorporarme boca arriba noté que a mi derecha había alguien más tumbado. Lo oía emitir sonidos incomprensibles, la cual cosa supuse que también estaba atado y vendado.
El camino por el que íbamos no debía estar en muy buenas condiciones o ni tan siquiera asfaltado ya que estaba repleto de baches y piedras, provocando así los continuos y dolorosos golpes por todo mi cuerpo contra el suelo de la furgoneta.
-Ya estamos. -Dijo uno de los raptores en mi oído. Su voz provocó un escalofrío que recorrió mi cuerpo de pies a cabeza.
Me agarró por los brazos y de un empujón me hizo salir cayendo de bruces contra el suelo sin poder parar la caída por culpa de tener las manos atadas a la espalda.
Me pusieron en pie cogiéndome de el pelo de un tirón, entonces me quitaron el vendaje de los ojos y la boca.
Ante mi tenía una gran muralla de piedra con alambrada sobre ella y un gran portón de madera y metal, por un momento creía estar en otra época hasta que vi unos hombres armados hasta los dientes. Me estremecí.
Me quitaron la cuerda que ataba mis pies y de pronto noté un fuerte golpe en mi espalda, haciéndome caer sobre mis rodillas. Había sido uno de ellos con una especie de porra de madera.
-¡Levántate! -Me ordenó.
A mi lado estaba el hombre que junto a mí lo habían metido en la furgoneta.
Era un chico de unos 27 años, de origen hindú, en su cara habían restos de sangre lo cual indicaba que había intentado resistirse.
-¡Avanzad! -Gritó en inglés un hombre armado.
Las puerta se abrieron y pudimos ver al fin el inesperado interior.


domingo, 26 de octubre de 2014

Introducción a mi Blog

Hola a todos!!
Bueno, este Blog va a tratar básicamente de una historia inventada que estoy escribiendo, es una novela dramática romántica en la que también habrán partes bélicas, de intriga y tensión. Titulada: Quisiera Recordar.
Cada día intentaré subir un capítulo nuevo.
Y nada más, espero que os guste!
PD: Espero que nadie se tome a mal esta historia ni se sienta ofendido, tan sólo es ficción. :)