Cuando llegamos a la sala principal vi que habían como
mínimo unas 40 personas más, obviamente prisioneros también.
El emperador se acercaba uno a uno y le iba asignando su
lugar en el cual debía trabajar por una semana.
-Zaara, te toca de nuevo lavandería y costura.
-De acuerdo señor. -Zaara hizo un disimulado gesto de
despedida con la mano y salió de la sala.
Tan sólo quedaba yo por asignar el trabajo.
-Veamos pequeña, ¿dónde te podría mandar yo? -Se
rascaba la barbilla con expresión pensativa y dijo:
-Dime Isabel, ¿sabes cual es el ingrediente principal con el que se hace el pan?
-Sí, mi padre es panadero, se hace con harina señor.
-Muy bien, ¿y la harina de dónde sale?
-Del trigo. -Respondí.-Bueno pues como supondrás, para que haya harina hay que moler el trigo, y eso no se hace solo, así que ese será tu trabajo esta semana.
-De acuerdo señor.
-Ah, por cierto, cuando estemos tú y yo me puedes
llamar Sayid, ése es mi nombre. Tú, acompáñala y enséñale dónde
tiene que ir. -Dijo a uno de los guardias.
-Sígueme. -Me dijo.
Salimos de allí y empezó a caminar, callejeando entre
los distintos bloques. Al fin paró en frente de una pequeña casa,
más bien un almacén y dijo:
-Aquí es.
Entré y vi un grupo de unas diez personas moliendo
trigo, entre ellas distinguí a Raj, el chico al que capturaron el
mismo día que a mí.
Me dirigí a un lado de la habitación que estaba libre,
lo que tenía que hacer consistía en hacer girar unas ruedas de
piedra para moler el trigo.
Empecé bien, pero a lo que llevaba unos quince minutos
no podía más, era más pesado de lo que me imaginaba.
De pronto noté unas manos sobre las mías.
-Mira, si lo haces así está mucho más suelto y te
costará menos. -Decía mientras empujaba la piedra sujetando mis
manos. Cuando me soltó me di la vuelta para ver quién era. Había
sido Raj, gotas de sudor recorrían su cara, su pero caía sobre sus
ojos, unos ojos color miel que hablaban por si solos.
-Gracias. -Dije tímidamente mientras me daba la vuelta
para seguir.
Se quedó unos instantes ante mí observándome y volvió
a su sitio. De vez en cuando no podía evitar mirarle por el rabillo
del ojo. Parecía tomárselo muy en serio, trabajaba duro, sus brazos
se marcaban, su piel morena relucía por el sudor, su pelo húmedo
recaía sobre su cara y se lo apartaba hacia atrás.
Ya estaba oscureciendo cuando un guardia se asomó por
la puerta y anunció que habíamos terminado.
Una de las chicas que estaba trabajando conmigo me dijo
que podía ducharme antes de cenar si quería,me acompañó y me
enseñó dónde se encontraban las duchas. Eran duchas compartidas,
es decir, tan sólo habían cinco para los que éramos, una pared
separaba los hombres de las mujeres.
Por suerte llegamos de las primeras y no tuve que
esperar demasiado. Me metí en una de ellas y cerré la cortina de
plástico que apenas tapaba, a pesar de ser un pudor estúpido ya que
todas éramos mujeres y no había nada que esconder yo era bastante
tímida y me sentía bastante incomoda.
-Será cuestión de acostumbrarse Isabel. -Pensé.
Me desnudé, dejé la ropa a un lado dónde no se mojase
y abrí el grifo, agua helada caía sobre mí, no había agua
caliente, era de esperar, así que no me sorprendió.
Me duché lo más rápido que pude y salí de las
duchas, cada vez iba entrando más gente esperando su turno.
Al salir vi a Zaara caminando a lo lejos y corrí hasta ella, me alegraba ver a alguien conocido después de todo
el día, me encontraba un poco perdida y no tenía ni idea de dónde
tenía que ir.
-¡Ey Isabel! ¿Qué tal tu primer día de trabajo,
dónde te ha tocado?
Resoplé y dije:
-Moliendo trigo, tengo un dolor de brazos.. Y encima va
a ser una semana entera.
-¿En serio? A mí me tocó una vez, creo que es uno de
los más duros que me ha tocado hacer. Esperemos que no te toque dos
semanas seguidas.
-¿Cómo que dos semanas, no es una?
-Sí, pero a veces si ven que lo haces sin ganas y mal,
te mandan repetir la semana, así que ya sabes, aunque no puedas más,
esfuérzate y sonríe o te tocará de nuevo.
-Eso no me lo esperaba, suficiente tenía ya con una
semana...
Fuimos hasta el comedor, era una sala enorme con bancos
y mesas. Estaba prácticamente lleno y habían unos encargados que
repartían la comida entre las mesas.
-Hasta ahora no he trabajado en las cocinas, pero dicen
que es de los mejores porque a pesar de que te estén vigilando, con
disimulo puedes comer de aquí y de allá mientras cocinas o sirves.
-Pues cuando nos toque habrá que poner mala cara para
que nos hagan repetir la semana. -Dije bromeando.
Zaara se rió.
-Lo intentaremos, a ver si cuela; Mira, por ahí va el
chico que trajeron contigo.
Efectivamente, era Raj, se había sentado en una mesa
que casi estaba llena.
-También trabaja conmigo moliendo trigo.
-¿A sí? ¿Dijeron su nombre?
-Sí, ayer, nos tuvimos que presentar, se llama Raj.
-¿Y sabes de dónde es?
-Dijo que lo cogieron en Barcelona, pero que al igual que tú es de India, si no recuerdo mal creo que dijo de Katihar.
-¿Has hablado con él?
-Que va, en cuanto a penas un par de palabras.
-Pues vaya...Bueno, ahora a comer, hay que aprovechar
para comer todo lo que puedas, sólo se come una vez al día, pero
con cuidado que no te vean puedes guardarte comida y llevártela para cuando tengas
hambre.
Hice caso y antes de salir de allí cogí unas rebanadas
de pan.
Una vez en la cama sentía que todo mi cuerpo estaba
resentido por el esfuerzo que había hecho durante todo el día, pero
estaba tan cansada que en cuestión de minutos me quedé dormida por
completo.





